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martes, 13 de marzo de 2018

El trabajo aereo

Dentro de las actividades agropecuarias de nuestro país la aviación se está consolidando como un medio de vital importancia. Hoy día, la aeronave agrícola se constituyó en una herramienta de gran utilidad para la obtención de una mayor producción y productividad, no sólo por la gran capacidad operativa sino también por la posibilidad que brinda de actuar en momentos y lugares donde los equipos terrestres no pueden hacerlo, sumando la ventaja de realizar un trabajo más eficiente.
Como seguramente se sabe, la agricultura está atravesando uno de sus períodos más críticos con respecto a su mayor fuente de recursos, que es el suelo. Se podría llegar a afirmar que la degradación de los suelos es uno de los mayores problemas que enfrenta el mundo actual, siendo tanto o más dramático que la reducción de la capa protectora de ozono y la posibilidad de su efecto invernadero, porque está afectando directamente la subsistencia de millones de personas.
El suelo es y seguirá siendo la base de la producción de alimentos, pero frente a su alto grado de deterioro surge la gran pregunta ¿será capaz de poder satisfacer la demanda cada vez mayor? El empleo de alta tecnología resulta entonces imprescindible para desarrollar nuevos conceptos en la actividad agrícola y el uso del avión constituye una herramienta fundamental para lograrlos, favoreciendo la distribución de fitoterápicos y semillas.
La globalización deberá ser uno de los aspectos decisivos en la búsqueda de la calidad y excelencia como elementos imprescindibles en todas las etapas de producción agrícola. Hoy no existe un mercado regional sino mundial, en el que la calidad de las operaciones puede representar la conquista de nuevos espacios en los negocios internacionales. Esto exige, indudablemente, el empleo de equipos cada vez más sofisticados, pero lo más importante es contar con operadores altamente capacitados con el fin de optimizar los nuevos recursos disponibles.
El desafío entonces será, en este sentido, encontrar la forma de mejorar la distribución de los agroquímicos con el menor índice de pérdidas. Esta es la esencia de las aspersiones, que van ganando adeptos en diversas zonas del país. Esta técnica tiene como meta final mejorar la performance de cada gota producida y distribuida en el campo, tratando de reducir al mínimo los índices de pérdidas desde que la gota parte de la máquina y termina en el blanco, trayecto en el que se conjugan innumerables variables, que a veces interfieren el destino del fitoterápico, reduciendo su actividad biológica y aumentando innecesariamente los costos de producción. Por ejemplo, las condiciones ambientales, viento, temperatura y humedad relativa del aire son factores que pueden provocar el desvío o evaporación del material aplicado.
Los modernos equipos de pulverización están concebidos para hacer lo que el técnico o persona responsable desee. Aquí es donde se deberá elegir entre gotas finas o gruesas para no favorecer la evaporación y la deriva, ya que el tamaño correcto de las mismas es vital para obtener una correcta cobertura del blanco con buena adherencia. Hallar la forma de mejorar la distribución de agroquímicos o de semillas con el menor índice de pérdidas y de contaminación ambiental es la esencia de la calidad que exige la realización un buen trabajo, es decir, una forma de calificar la mano de obra.


Los equipos

En los últimos años hubo una evolución importante en los equipos aeroagrícolas y en los fitoterápicos que se emplean en las aspersiones. Estos cambios tecnológicos no siempre han sido acompañados de las adaptaciones correspondientes en los operadores y en los responsables de controlar la calidad de los tratamientos, lo que en muchos casos ha dado lugar a resultados distintos a los esperados.
Las aplicaciones aéreas tienen por meta final mejorar la eficiencia de cada gota producida y distribuida en el campo, y minimizar las pérdidas desde que sale del avión hasta que llega al lugar de acción. En términos generales no existen diferencias de resultados entre una buena aplicación terrestre y otra aérea de idéntica calidad. Pero las últimas adicionan elementos de importancia tales como: rapidez de tratamiento, independencia de las condiciones físicas del terreno y agitación del follaje por el paso de la aeronave, que facilita la penetración de gotas en el interior de la masa vegetal.


Variables a controlar

Todos los cuidados exigibles en una aplicación terrestre son válidos en las aeroaspersiones. Estos requisitos comienzan con la determinación del momento del tratamiento, respeto de la dosis, homogeneidad en el tamaño de las gotas, cobertura del blanco, uniformidad de distribución de las gotas y mínima deriva, para terminar con la consideración de las condiciones ambientales, el ancho de labor y la calidad del vehículo empleado en la distribución.
Generalmente, los productores al realizar una pulverización prefieren elegir una jornada con ausencia de viento y el empleo de altos volúmenes de aplicación, expresados en litros por hectárea, sin un estudio que lo justifique. En la aspersión aérea, además, el requerimiento principal suele ser un vuelo bajo, recomendación desacertada que, sin embargo, raramente deja de exigir un productor. En una aeroaspersión, la distribución de la masa de gotas desde el elemento atomizador hacia el blanco resulta ser una interacción compleja de un sinnúmero de procesos físicos que no se limitan a los factores intervinientes en una pulverización terrestre, sino que incluyen los elementos aerodinámicos que intervienen en el movimiento de las gotas en su derrotero hacia el blanco. Por esa razón hay que considerar al analizar el equipo agroaéreo la configuración de las alas, posicionamiento del botalón y de los picos en la aeronave.

El avión

Está demostrado que las alas intervienen favoreciendo el comportamiento y deposición de las gotas. También influyen la turbulencia producida por el fuselaje, la hélice y el equipo de aplicación. De la consideración de estos aspectos surge la importancia que tiene el diseño de los diversos conjuntos de las aeronaves, que repercuten en la calidad del servicio.
En los últimos años se produjeron cambios importantes en la aviación agrícola en nuestro país tendiendo a una mayor profesionalidad: de máquinas de turismo adaptadas para prestar servicios de pulverización se pasó a equipos especialmente destinados a esa tarea, con características aerodinámicas ya incorporadas en la etapa de diseño que facilitan la operatoria y mejoran la calidad de llegada del producto. Por ejemplo, un detalle que resulta de vital importancia en la distribución de los fitoterápicos es que se logró aumentar significativamente el rendimiento debido en gran parte a que las alas de los modernos aviones específicos ahora tienen mayor superficie y acentúan el direccionamiento de los filetes de aire sobre el extradós. Cuando esos filetes pierden su adherencia se forma una zona turbulenta inmediatamente detrás del borde de fuga del ala impulsando las gotas hacia el blanco.
Otra característica de los equipos aéreos modernos es la ubicación del botalón, que ahora está localizado bien por atrás y hacia abajo con respecto al borde de fuga del ala, en contraste con los aviones más antiguos que se encontraba en el mismo nivel del borde de fuga. Tal disposición no permitía aprovechar el efecto de dirigir las gotas hacia abajo, aumentando asi su permanencia en el medio pudiendo sufrir derivas o evaporación. Además, el mayor peso de los aviones modernos desplazan masas de aire más grandes facilitando el movimiento del follaje y la llegada de las gotas al blanco, disminuyendo las posibilidades de deriva.
Los atomizadores empleados en la aeroaspersión de agroquímicos son similares a los utilizados en los equipos de tierra e incluyen desde pastillas hidráulicas en casi todos sus modelos hasta sistemas rotativos. Obviamente, para lograr las gotas del tamaño apropiado sin comprometer la calidad de la aeroaplicación se debe seleccionar el elemento atomizador más adecuado y que asegure la producción de la gota del tamaño que mejor se adapte a la circunstancia.


Condiciones de vuelo

El vuelo agrícola debe reunir dos características fundamentales: ser recto y nivelado. Un vuelo recto sólo se logra mediante la unión de dos puntos y requiere la presencia de dos banderilleros bien capacitados en cada cabecera del lote que indiquen al piloto su línea de vuelo. Esta técnica está siendo remplazada por banderilleros satelitales que indican perfectamente el sentido del vuelo, a la vez que suministran un mapeo del lote con indicación de las áreas tratadas y sin tratar. Este informe computadorizado es de gran importancia a la hora de evaluar la calidad del trabajo realizado.
Un vuelo nivelado es aquél que mantiene una altura uniforme durante toda la operación. Los aeroaplicadores tienden a volar relativamente bajo, cerca del suelo, pues al ser menor la distancia al suelo les resulta más fácil mantener la uniformidad de altura. Sólo la pericia y capacidad del piloto aseguran el cumplimiento de este requerimiento. En este sentido, el “arte” del profesional al comando de su máquina es uno de los elementos diferenciadores entre los pilotos agrícolas.
La altura de vuelo está determinada por la necesidad de que la estela de pulverización que se produce a partir de los atomizadores pueda tener una dispersión normal, obteniendo una deposición más uniforme sobre el blanco en todo el ancho de trabajo. Si la altura es muy baja (menor a los dos metros desde el ala al blanco), tal como muchos pilotos y productores buscan, se forma una turbulencia provocada por el rápido choque de la estela, impulsada hacia abajo, con el cultivo originando deposiciones irregulares alejadas de las exigencias técnicas. Este es el efecto más perjudicial de las aeroaplicaciones, en donde los filetes de aire que pasan por la superficie inferior de las alas son comprimidos entre éstas y el suelo.
Una vez que la aeronave pasa sobre la masa de cultivo, hay una violenta descompresión, que se traduce en el arrastre de algunas gotas hacia arriba que se pierden por efecto de la deriva. Si se eleva la altura de vuelo (de dos a tres metros) el efecto de descompresión se atenúa, pero se corre el riesgo de que las gotas permanezcan demasiado tiempo en el aire antes de dirigirse al blanco y también puedan sufrir los efectos de la deriva. La altura ideal se logra cuando la faja de deposición es más aprovechable por su uniformidad. En otras palabras, cuando no existe esa descompresión, otorgándose el tiempo necesario para que las gotas se distribuyan lo más uniformemente posible a lo ancho de la estela de pulverización.
En síntesis, es posible establecer esa altura de tres a cinco metros desde el ala al blanco de aplicación según los cultivos. Estos son sólo valores orientativos, ya que la mejor altura de vuelo deberá evaluarse en función de cada modelo de avión y de las condiciones ambientales reinantes. Una vez definida esa magnitud, debe ser mantenida en forma constante durante todo el tratamiento.

Ancho y condiciones de trabajo

La determinación del ancho de trabajo o faja efectiva de deposición es una característica propia de la regulación de cada avión. En este sentido, existe una normativa de la Asociación de Ingenieros Agrícolas de Estados Unidos (ASAE S386T) que fija las condiciones en base al número de gotas y a la uniformidad de distribución para conocer el valor en metros de la faja efectiva de deposición de cada equipo para la distribución de los diferentes fitoterápicos.
Con respecto a las condiciones ambientales, rigen las mismas limitaciones que para la aplicación realizada con cualquier equipo terrestre. Es de vital importancia la velocidad del viento en el momento de realizar la operación. Como ya se afirmara es común que se piense erróneamente que el mejor momento para realizar la aplicación es con ausencia total de viento. Una aplicación realizada con un viento inferior a 2 km/h es tan negativa como aquella hecha con excesiva intensidad. La reglamentación indica como límite 15 km/hora. No obstante, debemos aclarar que se trata de un factor que cambia, igual que el resto de las condiciones ambientales, a lo largo de la jornada operativa, ya que al amanecer suelen existir ciertas condiciones que se alteran con el ascenso del Sol, lo cual exige cambios a lo largo del día de actividad.

Conclusión

Es fundamental que el productor asigne importancia a las consideraciones aquí vertidas. Generalmente no se valoriza a la empresa prestadora del servicio ni la calidad del piloto, como tampoco se tienen en cuenta las diferencias entre las aeronaves o el equipamiento que cada una de ellas ofrece. A veces se elige al aeroaplicador por teléfono o por el precio, desestimando la calidad por no disponer de los conocimientos suficientes para controlar. Con este proceder, más que ahorrar y simplificar el proceso lo que se logra es incrementar los gastos y disminuir la efectividad del tratamiento.

Algunos de los aviones utilizados en nuestro país

º Piper Pawnee: 235 hp, con una capacidad de carga aproximada de 500 litros.
º Piper Bravo: 300 hp, con una capacidad de carga aproximada de 700 litros.
º Cessna-188: 300 hp, con una capacidad de carga aproximada de 700 litros.
º Grumman AG Cat: 450 hp, con una capacidad de carga aproximada de 1 500 litros.
º Dromader M 18: 1 000 hp, con una capacidad de carga aproximada de 2 200 litros.
º Weatherly: 550 hp, con una capacidad de carga aproximada de 1 300 litros.
º Air Tractor AT-402: 680 hp, con una capacidad de carga aproximada de 1 500 litros.
º Pezetel Turbo Truck: 750 hp, con una capacidad de carga aproximada de 1 500 litros.
º Ayres Trush S2R-6: 750 hp, con una capacidad de carga aproximada de 1 900 litros.

Fuente y agradecimiento: Ing. Alberto Etiennot* / Revista Aeroespacio.
* El autor es ingeniero agrónomo y docente en la Universidad Argentina de la Empresa